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Blockbuster y Blackberry: la resistencia al cambio mata

 

 

 

 

 

Si no son capaces de evolucionar para seguir el ritmo de los tiempos, incluso los gigantes pueden caer. Blockbuster llegó a tener 60 millones de socios, puntos de venta en 25 países, 4.800 tiendas solamente en los EE.UU.. En 1985, David Cook creó el gigante estadounidense de alquiler de películas y luego se hizo millonario con la venta de la compañía a Viacom en 1994 por 8.4 mil millones de dólares.

Ya a principios de 2000, Blockbuster había encontrado su némesis: Netflix, un servicio de alquiler de DVD y video juegos a través de Internet, entregados a casa por correo. La leyenda cuenta que Reed Hastings fundó la compañía después de pagar 40$ por devolver con retraso ‘Apollo 13’ a su Blockbuster de confianza.

Blockbuster se volvió víctima, igual que el cine lo había sido antes de él, de la teoría de los “nuevos productos”. El cine matado por los DVD y los DVD matados por Internet.
Internet, el pay-per-view y la piratería sin duda han sido responsables del fracaso de la empresa, pero no fueron los únicos. ¿El verdadero culpable? Blockbuster mismo, por su incapacidad de adaptarse a los últimos estándares de la tecnología.

Netflix, sin embargo, que hace sólo cuatro años estuvo a punto de fracasar, ha reorganizado su servicio de alquiler de vídeos con entrega a domicilio, reciclándose como una web de streaming de pago y luego expandiendo sus actividades hasta llegar a ser toda una casa de producción.

Todos los mercados evolucionan y son los actores que trabajan en ellos loa que tienen que adaptarse al cambio.

En 2007, la empresa canadiense Research in Motion (RIM) producía el smartphone de mayor éxito en el mercado, el móvil del joven Obama, el Blackberry, la herramienta de trabajo por excelencia. Sólo diez años más tarde, BlackBerry está prácticamente muerto.

Todo destruido en muy poco tiempo. El viejo dicho “nunca cambies un equipo ganador” ha matado a una empresa que parecía imparable. Se podría decir que todo fue culpa de Apple, o de Samsung. Se podría argumentar también que fue culpa de Google y Android. Seguramente ha sido una mezcla de todo esto, pero, ante todo, la responsabilidad de este fracaso es de una empresa que, creyendo ser inmortal, no ha hecho nada más que mirarse en el espejo.

En la base de los errores hubo una falta de pre-visión. El fundador y dueño de la compañía, Mike Lazaridis, y su management no vieron el mundo que estaba cambiando. Si la masa quiere fotos y vídeos en su dispositivo, lo deben poder tener. El correo electrónico no es suficiente, como no lo es la seguridad criptográfica, o un servicio de mensajería gratuito (pero cerrado), y tampoco basta con tener una marca atractiva y ‘cool’.

En 2008, es decir, en la cumbre del éxito de BlackBerry, que parecía intocable a pesar de la llegada del iPhone, Forbes empezó a dudar de la oferta comercial de RIM. Demasiado anticuada. Se preconizaba por tanto un final inglorioso y así fue.

Blackberry entendió tarde el cambio de escenario forzado por Apple. Antes intentó oponerse de una forma orgullosa y un tanto autista, con el lanzamiento de modelos superados, y luego trató de copiar a la competencia, perdiendo su naturaleza. Blackberry nació y triunfó porque era la mejor opción en un campo de juego específico: los negocios. Nunca fue una central de entretenimiento, como el i-Phone, sino un producto seguro y funcional (más que el i-Phone) para los que de verdad trabajan con el móvil. Aceptar el desafío del cambio, pero sin renunciar a su propia identidad hubiese sido la respuesta adecuada.

La gestión del cambio es el tema clave para la mayoría de las empresas, como respuesta a la situación actual y a las adaptaciones necesarias. En tiempos de incertidumbre hay que ser curiosos y abiertos, fomentando las redes en lugar de las jerarquías, aprovechando los múltiples puntos de vista y experiencias para llegar a nuevos niveles de interconexión y colaboración.

En un mundo VUCA es importante mantener una visión de nuestro papel y de nuestra conducta clara y consistente en sus bases y fundamentos, y al mismo tiempo flexible en sus procesos y funciones, de modo que seamos capaces de responder adecuadamente a situaciones que cambian rápidamente.

Debemos proporcionar una orientación clara y mensajes consistentes en un mar de prioridades continuamente cambiantes. Es importante anticipar los riesgos, y no invertir demasiado tiempo y esfuerzo en planes estratégicos a muy largo plazo, mejor vivir ‘estrategizando’ constantemente.

No hay que confiar de forma automática en las soluciones que han funcionado en el pasado. Debemos aprovechar la complejidad para innovar, perseguir una estrategia de gestión del talento en la que cada profesional sea valorado por sus cualidades, actuando en escenarios diferentes y cambiables. Esto nos permitirá romper con agilidad cualquier esquema previo y adaptarnos a las nuevas circunstancias sin perder nuestra identidad.

Por Andrés Raya

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