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Liderazgo en la organización 5.0. Co-creando la empresa del futuro

¿5.0? Uno puede preguntarse irónicamente qué vendrá después. Sin embargo, tiene cierto sentido numerar nuevos modelos de empresas, pues éstas, como las personas, crecen, evolucionan, se plantean nuevos retos y asumen responsabilidades…. Y, del mismo modo que etiquetamos cada fase de la vida humana, necesitamos empaquetar las condiciones que cumplen las organizaciones, a nivel global, en cada etapa de su evolución.

Hemos pasado de la empresa tradicional a la 2.0 mediante la irrupción de internet y la consiguiente interacción con el cliente, lo cual supuso tomar conciencia de su poder y asumir la responsabilidad de conocerle y saber que generaba opinión sobre nuestra marca, más allá de los límites físicos del vecindario. Las redes sociales digitales empezaron a convertirse en un medio para compartir información.

El 3.0 lo marcó la explosión de estas redes como medio habitual de conversación en que clientes y empleados encontraban información, pero también opinaban. Los valores se constituyeron como eje argumentativo de marca. El cliente interno ganó protagonismo y desarrollamos el employer branding -popularizado por Simon Barrow- para atraer talento e incluso convertir a nuestra gente en embajadores de marca.

La transformación digital se ganó la etiqueta del 4.0. La tecnología marcó el inicio de lo que se ha dado en llamar la cuarta revolución industrial. Nos hallamos en un mundo cada vez más digitalizado que obliga a plantear nuevas formas de trabajo y organización. Innovación se convierte en estrategia y los departamentos de recursos humanos lideran el cambio cultural necesario para llevar a cabo la digitalización. El clave del éxito son las personas, con un liderazgo que potencie una cultura innovadora y un talento conectado.

Todavía no hemos llegado globalmente a alcanzar un alto grado de transformación digital –según un estudio solo el 10% de empresas- y sin embargo ya estamos evolucionando el concepto de empresa hasta el 5.0.

La empresa actual deber recorrer un camino hacia un nuevo paradigma, acorde con las nuevas exigencias globales, en el que la empresa forma parte de un sistema social donde los valores éticos recuperan notoriedad. La sostenibilidad, el medio ambiente, la diversidad cultural y generacional, la igualdad de género, nuevas formas de entender el trabajo o la conciliación con la vida personal serán factores a tener en cuenta. La industria 5.0 prima modelos de cooperación versus el individualismo en la gestión de empresas y negocios. La avaricia es sustituida por solidaridad y el conflicto por oportunidad.

Hablamos de un modelo de empresa flexible que da sentido y propósito a lo que hacemos, que supone un espacio de crecimiento no solo profesional sino también personal, donde las personas disfrutan de su trabajo y tienden a la cocreación, generando valor para el conjunto. Cuando el entorno es estimulante, fluye la energía y los resultados son mejores.

Además, las personas desean pertenecer a empresas inspiradoras de las que sentir orgullo de pertenencia, las nuevas generaciones valoran trabajar en empresas que impacten positivamente en el mundo.

Y en este marco toma especial protagonismo el líder capaz de motivar a personas. Se trata de ofrecer entornos estimulantes que generen satisfacción, sin embargo, eso no es suficiente porque la auténtica motivación es intrínseca. Entonces, ¿qué más puede hacer el líder para lograr mayor motivación, satisfacción y rendimiento de su equipo? La dimensión relacional es la que puede modificar con mayor garantía de éxito los factores motivacionales intrínsecos.

El líder debe conocer bien a sus colaboradores, adaptarse a sus patrones mentales y empatizar, lo que significa comprender no solo los procesos racionales de los demás sino también los emocionales. En otras palabras, ponerse en los zapatos del otro.

Fue el psicólogo Edward Titchener quien introdujo el concepto de empatía en los años vente del siglo pasado, y que más tarde halló explicación neurobiológica por parte de Giacomo Rizzolatti, en 1996, mediante el descubrimiento de las neuronas espejo. La empatía es uno de los hitos evolutivos del cerebro social y competencia clave del llamado líder resonante o neurolíder.

Precisamente, la neurociencia nos aporta conocimiento y argumentos para empatizar y adaptarnos a las personas que queremos liderar. Además de la razón, el vínculo emocional construye la relación y las experiencias compartidas dejan una huella que modifica la estructura neuronal existente. El cerebro es plástico, lo vamos esculpiendo mientras vivimos y experimentamos.

El aprendizaje social-emocional empieza por la autoconciencia y la autogestión. Conocerse permite construir herramientas (recursos cerebrales) para conocer a los demás, lo cual tiene mucho que ver con adquirir conciencia social. Llegados a este punto, precisamos entrenar habilidades sociales y de comunicación para establecer y mantener relaciones saludables y gratificantes basadas en la cooperación, así como gestionar y resolver conflictos interpersonales. A nivel organizativo, se está trabajando en redarquías y el líder deberá comprender todas las dimensiones personales que impactan en los procesos de negocio. Finalmente, la toma de decisiones responsable significa tomar decisiones basadas en la ética y el respeto por los demás, contribuyendo al bienestar en la comunidad.

Las empresas del futuro serán más sensatas, coherentes con el medio en el que operan y por tanto rentables. Como una muñeca rusa, recogen los atributos de las anteriores, de igual modo que lo hace el líder nivel 5 descrito por Jim Collins en su libro Good to Great.

És más, el liderazgo humilde permite un liderazgo grupal de alto rendimiento, tal como han expuesto Hazy, Goldstein, y Liechtenstein en su teoría de sistemas complejos de liderazgo (Complex Systems Leadership Theory) que parece converger en la Smart Company que hemos definido como 5.0 y que se fundamenta en la inteligencia tecnológica, la racional, la emocional y la social.

La empresa del futuro será un ente que participará e influirá en la comunidad, construirá sociedad a partir de las personas y se comprometerá con su bienestar. Se trata de llegar a la comprensión verdadera y práctica del ciclo empresa-persona-empresa, en el marco sostenible y ético de una sociedad líquida (Zygmunt Bauman) donde todo parece evanescer con rapidez.

El management puede ser transformacional solo si desafía patrones preexistentes, da ejemplo de conductas nuevas que hagan posible alcanzar lo que en un principio parecía imposible. Que el cambio es constante no es nada nuevo. Como ya postulaba Heráclito en el siglo V a.C., panta rei… todo fluye, nada permanece.

Por Gina Aran licenciada en Administración y Dirección de Empresas, Máster Internacional en Psicobiología y Neurociencia Cognitiva, certificada en Innovación con Neuromarketing por ESADE. Consultora de Recursos Humanos especializada en Liderazgo y Desarrollo Organizacional. Socia Directora de Grupo Humannova y profesora de los programas LPGE en ESADE Executive Education.

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El Líder Hacker o Líder Militante

líder hacker

Las nuevas formas de liderazgo que han surgido en la última década y media tienen algunos rasgos comunes. Hemos pasado de un mundo en singular a uno más declinado en plural y desde la gestión vertical a la horizontal, donde las responsabilidades se comparten a diferentes niveles y donde la colaboración y la escucha activa resultan ser elementos clave.

La industria digital y tecnológica tal vez haya sido la que más ha aprovechado, ejemplificado y al mismo tiempo impulsado la difusión de estos nuevos modelos de liderazgo y de organización en las empresas, especialmente la industria del software. De este universo (y del universo del emprendimiento innovador) procede también el así llamado hacking management.

Con frecuencia se comete el error de suponer que la actividad de los hackers consiste en cometer delitos cibernéticos. El término ‘hacker’ ha asumido una connotación negativa para la gran mayoría de los medios de comunicación y para la gente. Sin embargo, el ‘hacking’ puede ser una actividad completamente legítima y el líder hacker es ante todo un líder militante, un experto en su campo y, al mismo tiempo un eterno aprendiz, que tiene una visión y una misión que cumplir.

El hacking nació como estudio de las posibilidades que ofrecían las nuevas tecnologías, como curiosidad inventiva, desafío intelectual y, sobre todo, como resultado de un profundo conocimiento de las herramientas informáticas. Sin embargo, así como un químico (yo soy químico) puede utilizar su conocimiento para descubrir un nuevo elemento o envenenar a una persona, del mismo modo un hacker puede usar su sabiduría para corregir los errores de un determinado software o para acceder a la cuenta bancaria de una persona. Decir, por lo tanto, que un hacker es un cibercriminal es como decir que un químico es un envenenador.

El hacking management es un estilo emergente de liderazgo con características propias como la transparencia, la reciprocidad, la apertura, la curiosidad y el coraje. Así que los principios y las herramientas típicas de la cultura hacker se pueden aprovechar perfectamente para hacer que las organizaciones sean más adaptables, innovadoras, inspiradoras, incluso responsables.

Lo que un hacker enseña es que el valor de las ideas depende de los resultados obtenidos con el trabajo. El miedo al fracaso no existe porque el hacker necesita equivocarse para aprender y llegar a la solución del problema.

La cultura hacker está detrás de la mayoría de las innovaciones de las últimas décadas, a través de aventureros y exploradores de talento, que observaron el mundo desde un nuevo punto de vista. Se trata de profesionales altamente capacitados y motivados que mostraron un enfoque disruptivo. Un actitud que surgió naturalmente de la capacidad de ver los procesos desde dentro para cambiarlos y mejorarlos, con innovación, estilo, amor por los desafíos y virtuosismo técnico.

El líder con estas características sabe que una bombilla no es la evolución de una vela, pero, al mismo tiempo, es consciente de que no debe reinventar lo que ya funciona. La rueda es la rueda y la mayoría de las veces es suficiente con usar las herramientas disponibles de una manera diferente para poder observar los procesos desde una visión diversa y así encontrar los puntos a mejorar. Es la llamada mentalidad inversa, que comienza su análisis desde el otro lado del proceso, descomponiéndolo hacia atrás a lo largo de la cadena de producción, para adquirir mayor agilidad y velocidad de intervención.

Para hacer esto, el profesional debe tener un conocimiento perfecto de la materia y un talento puro, cultivado en una visión lo más abierta posible. El líder hacker o líder militante es una figura altamente autónoma, que sin embargo actúa dentro de un colectivo y en nombre de una misión común. Su plataforma de trabajo es open source, una comunidad horizontal abierta a las contribuciones en red y capaz de cambiar de estrategia rápidamente, según los resultados parciales obtenidos. Es el enfoque de los modelos Agile y Scrum para el desarrollo de software. El hacker, antes que nada, busca soluciones efectivas para problemas complejos.

La búsqueda de una mayor agilidad en el mundo de los negocios está determinada principalmente por dos dinámicas digitales: velocidad y adaptabilidad. Este enfoque no es un mundo reservado exclusivamente a las startup innovadoras, sino que es útil para cualquier empresa, ya que todos los negocios necesitan crecer o, al menos, sostenerse.

Una empresa que quiera adoptar este tipo de mentalidad es ante todo una empresa con una fuerte atención a los datos, en la que cada departamento trabaja en sincronía con los demás y donde la recopilación y el análisis de los datos-feedback tienen una función crucial en las decisiones que se toman.

Por otro lado, la frialdad de los datos es interpretada de manera adecuada gracias a unas soft-skills que no pueden faltar en el líder y en todo su equipo. La flexibilidad mental, el liderazgo grupal y la capacidad de manejar situaciones de crisis con rapidez son algunos de los requisitos previos esenciales de la economía de la creatividad en la que vivimos.

El líder hacker quiere dar el ejemplo con su acción a quienes le rodean, porque tiene una misión que cumplir y con la que se siente comprometido con verdadera pasión. Aspira a marcar una diferencia y también, y esto es esencial, a disfrutar durante el camino.

Por Andrés Raya

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