Archivo del January, 2017

El dilema del trabajo en equipo en las empresas

En el ámbito del deporte colectivo de elite, la mayor dificultad para el entrenador es la gestión de los egos de los integrantes del equipo. Si esa faceta está bien gestionada, se plantea una segunda dificultad asociada a la primera; hay que crear una dinámica de aprendizaje que favorezca el desarrollo individual, y tanto o más importante, que la suma de los desarrollos individuales armonizados generen el éxito del equipo por inercia. Es entonces cuando un equipo funciona.

La teoría es clara al respecto, pero en el mundo real intervienen variables en la ecuación que complican la realidad y las soluciones a adoptar. Es necesario salvar las distancias entre lo que mueve a un deportista profesional de elite, respecto al de una persona  asalariada  en el seno de una organización.

Los egos también se ponen de manifiesto en el ámbito de las empresas, sea cual sea el nivel jerárquico que ocupe el profesional. Una de las diferencias es que se manifestaran de forma diferente y por tanto el comportamiento conductual será también distinto.

Para que un equipo se cohesione y consiga trabajar en el standard de rendimiento óptimo es necesaria una  cuestión fundamental que no es otra que la madurez.
La madurez podríamos definirla en el entorno de este escenario, como el comportamiento equilibrado respecto a  un conjunto de valores en los que debe primar el concepto del respeto y comprensión al otro, y el comportamiento alineado con la organización, en el ámbito de la generosidad, entendida tanto a nivel de grupo (equipo de trabajo y organización) como individual (generosidad respecto al otro).

En este escenario las líneas que pueden traspasarse son muy finas, dado que cualquier componente distorsionador puede afectar al trabajo en equipo.

Los componentes distorsionadores pueden estar relacionados con la personalidad y circunstancias de cada individuo y con el posicionamiento de cada uno de los individuos del equipo respecto a cada uno de los integrantes del mismo y también respecto a la organización en su conjunto.

La personalidad y las circunstancias de cada persona actúan como un filtro, que a su vez potenciara o ralentízara la distorsión del comportamiento

La ecuación conductual tiene pues, dos incógnitas fundamentales. La madurez en relación a los valores que conforman un comportamiento determinado y la personalidad y las circunstancias del individuo que pueden amplificar o ralentizar el factor distorsionador respecto a una conducta madura en el ámbito profesional.

Los directivos con mas experiencia saben que el terreno de juego individual de cada uno de los miembros de su equipo, son inaccesibles a su ámbito directivo.
Por tanto, sólo puede generar a partir del proceso y su propia conducta directiva, escenarios razonables y seguros para que el equipo se desarrolle, pero como juega el balón cada individuo es algo propio de cada cual.

Las distorsiones surgen siempre, si la dirección es coherente y de calidad en el plano individual, por desajustes en el “one to one” de cada uno de los individuos que forman el equipo o por distorsiones “one to all”.

Una de las consecuencias de este escenario en cualquiera de sus dos variables es que cuando se produce la distorsión genera desgaste directivo. Un desgaste que el Manager ha de saber gestionar en una doble vertiente; el control sobre la convivencia y evitar que afecte a los resultados operativos, porque ahí el directivo se estará jugando su credibilidad como tal.

Tres de las situaciones más frecuentes de distorsión en el comportamiento son:

   1- Desalineamiento del individuo respecto a la organización.

La falta de información a la base de la pirámide jerárquica suele ser frecuente. Ello da lugar a interpretaciones erróneas, aun sin pasar por el filtro de la personalidad y las circunstancias del individuo.
La tendencia más generalizada es juzgar negativamente o interpretar de forma sesgada la escasa o irrelevante informacion que se posee a nivel macro. Indudablemente ello afecta al comportamiento, a la motivación y en consecuencia a la productividad e incluso en el plano individual al desarrollo individual del propio colaborador en el ámbito profesional.

 2. Factores distorsionadores de carácter estrictamente personal.

Los miembros de una organización no ponen el comportamiento al servicio de la misma de forma disociada de la sociedad en la que viven, al margen de las relaciones sociales que establecen en el seno del ámbito profesional.
Siendo esto así, su comportamiento en el ámbito profesional estará condicionado por sus creencias, intereses y valores que ha desarrollado en el ámbito social y personal al margen de la organización.
Estos factores son muy importantes y por lo general amplíamente distorsionadores en el espacio de la organización donde el individuo deposita el comportamiento, y como tal pone en evidencia sus intereses, los cuales pueden colisionar con el comportamiento maduro deseable en el seno de la organización donde trabajan y establecen relaciones sociales en el ámbito profesional.

Por otra parte la sociedad en la que vivimos no es precisamente un caldo de cultivo demasiado benévolo, para trasladar comportamientos maduros de la esfera social y privada al ámbito profesional.
En este escenario las soluciones son más individuales que colectivas por parte de la organización.

 3. Factores distorsionadores generados por una deficiente calidad directiva.

Siendo especialmente difícil consolidar comportamientos maduros, bien por la propia personalidad de los individuos, condicionada por sus intereses y valores, como por la interpretación que puedan hacer de la información que les llega de sus empresas, que será sesgada sea cual sea la veracidad de la misma, por esos mismos intereses y valores individuales, la calidad directiva es un factor esencial y de primera magnitud para alcanzar comportamientos maduros en el seno de las organizaciones.

Y es especialmente relevante porque es una de las herramientas esenciales y de fondo, que está en contacto directo con el colaborador y por tanto tiene la posibilidad de mitigar sesgos negativos que afectan al comportamiento.

Lo que es exigible a un directivo es que si no está en su mano resolver, al menos no empeorar la situación.

Hay situaciones que los directivos y mucho menos los consultores profesionales no podemos resolver, pero es indudable que una dirección de calidad puede mantener unos mínimos que hagan que el trabajo en equipo pueda salir a flote, con un mínimo común denominador de comportamiento maduro.
Lo que los directivos actuales no pueden permitirse es añadir un factor de distorsión  multiplicador, ni siquiera sumatorio, a la ecuación.

Al margen de la calidad directiva empiezan a abrirse escenarios de desarrollo personal, a través de los cuales puede avanzarse en la calidad del trabajo en equipo o en la contribución individual desde el plano profesional a la organización en la que se desarrolla la función.
Estos conceptos de desarrollo personal, deben seguir progresando, no sólo como aportación a la persona que trabaja en la organización, sino también como instrumento y herramienta directiva, para una mejor gestión de los equipos, porque… al fin y al cabo, la calidad directiva, con todos los instrumentos que la contienen sigue siendo una de las más eficaces herramientas para el desarrollo coherente, diferenciador y profesional de los integrantes de un equipo.

Jaime Batlle

Profesor Asociado Externo del Departamento de Formación Executive de la Universidad Loyola.
Director del Programa  Universitario de Desarrollo Directivo de la
FOE. Federación Onubense de Empresarios.
Consultor  especializado en el Desarrollo Directivo y Gestión Comercial.

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Blockbuster y Blackberry: la resistencia al cambio mata

 

 

 

 

 

Si no son capaces de evolucionar para seguir el ritmo de los tiempos, incluso los gigantes pueden caer. Blockbuster llegó a tener 60 millones de socios, puntos de venta en 25 países, 4.800 tiendas solamente en los EE.UU.. En 1985, David Cook creó el gigante estadounidense de alquiler de películas y luego se hizo millonario con la venta de la compañía a Viacom en 1994 por 8.4 mil millones de dólares.

Ya a principios de 2000, Blockbuster había encontrado su némesis: Netflix, un servicio de alquiler de DVD y video juegos a través de Internet, entregados a casa por correo. La leyenda cuenta que Reed Hastings fundó la compañía después de pagar 40$ por devolver con retraso ‘Apollo 13’ a su Blockbuster de confianza.

Blockbuster se volvió víctima, igual que el cine lo había sido antes de él, de la teoría de los “nuevos productos”. El cine matado por los DVD y los DVD matados por Internet.
Internet, el pay-per-view y la piratería sin duda han sido responsables del fracaso de la empresa, pero no fueron los únicos. ¿El verdadero culpable? Blockbuster mismo, por su incapacidad de adaptarse a los últimos estándares de la tecnología.

Netflix, sin embargo, que hace sólo cuatro años estuvo a punto de fracasar, ha reorganizado su servicio de alquiler de vídeos con entrega a domicilio, reciclándose como una web de streaming de pago y luego expandiendo sus actividades hasta llegar a ser toda una casa de producción.

Todos los mercados evolucionan y son los actores que trabajan en ellos loa que tienen que adaptarse al cambio.

En 2007, la empresa canadiense Research in Motion (RIM) producía el smartphone de mayor éxito en el mercado, el móvil del joven Obama, el Blackberry, la herramienta de trabajo por excelencia. Sólo diez años más tarde, BlackBerry está prácticamente muerto.

Todo destruido en muy poco tiempo. El viejo dicho “nunca cambies un equipo ganador” ha matado a una empresa que parecía imparable. Se podría decir que todo fue culpa de Apple, o de Samsung. Se podría argumentar también que fue culpa de Google y Android. Seguramente ha sido una mezcla de todo esto, pero, ante todo, la responsabilidad de este fracaso es de una empresa que, creyendo ser inmortal, no ha hecho nada más que mirarse en el espejo.

En la base de los errores hubo una falta de pre-visión. El fundador y dueño de la compañía, Mike Lazaridis, y su management no vieron el mundo que estaba cambiando. Si la masa quiere fotos y vídeos en su dispositivo, lo deben poder tener. El correo electrónico no es suficiente, como no lo es la seguridad criptográfica, o un servicio de mensajería gratuito (pero cerrado), y tampoco basta con tener una marca atractiva y ‘cool’.

En 2008, es decir, en la cumbre del éxito de BlackBerry, que parecía intocable a pesar de la llegada del iPhone, Forbes empezó a dudar de la oferta comercial de RIM. Demasiado anticuada. Se preconizaba por tanto un final inglorioso y así fue.

Blackberry entendió tarde el cambio de escenario forzado por Apple. Antes intentó oponerse de una forma orgullosa y un tanto autista, con el lanzamiento de modelos superados, y luego trató de copiar a la competencia, perdiendo su naturaleza. Blackberry nació y triunfó porque era la mejor opción en un campo de juego específico: los negocios. Nunca fue una central de entretenimiento, como el i-Phone, sino un producto seguro y funcional (más que el i-Phone) para los que de verdad trabajan con el móvil. Aceptar el desafío del cambio, pero sin renunciar a su propia identidad hubiese sido la respuesta adecuada.

La gestión del cambio es el tema clave para la mayoría de las empresas, como respuesta a la situación actual y a las adaptaciones necesarias. En tiempos de incertidumbre hay que ser curiosos y abiertos, fomentando las redes en lugar de las jerarquías, aprovechando los múltiples puntos de vista y experiencias para llegar a nuevos niveles de interconexión y colaboración.

En un mundo VUCA es importante mantener una visión de nuestro papel y de nuestra conducta clara y consistente en sus bases y fundamentos, y al mismo tiempo flexible en sus procesos y funciones, de modo que seamos capaces de responder adecuadamente a situaciones que cambian rápidamente.

Debemos proporcionar una orientación clara y mensajes consistentes en un mar de prioridades continuamente cambiantes. Es importante anticipar los riesgos, y no invertir demasiado tiempo y esfuerzo en planes estratégicos a muy largo plazo, mejor vivir ‘estrategizando’ constantemente.

No hay que confiar de forma automática en las soluciones que han funcionado en el pasado. Debemos aprovechar la complejidad para innovar, perseguir una estrategia de gestión del talento en la que cada profesional sea valorado por sus cualidades, actuando en escenarios diferentes y cambiables. Esto nos permitirá romper con agilidad cualquier esquema previo y adaptarnos a las nuevas circunstancias sin perder nuestra identidad.

Por Andrés Raya

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